A lo largo del desarrollo de las ciencias sociales ha estado presente entre los investigadores y teóricos sociales, un fuerte debate epistemológico, metodológico y técnico, en relación a la dicotomía explicación – comprensión de los fenómenos sociales, es decir, la pertinencia y validez de estudiar la realidad social desde una perspectiva cuantitativa o cualitativa, dada la naturaleza y especificidad de su objeto de estudio. El análisis de la realidad social entraña, precisamente desde sus orígenes y constitución dicha polémica, construcción metodológica de hechos y discursos. Los orígenes históricos de la disputa, se ubican desde el momento en que las ciencias sociales erigen sus bases científicas sobre las de las ciencias naturales como forma de ganar status científico. El centro de la discusión desde sus inicios en el siglo XIX, se ancló en la posibilidad o no de abordar el estudio de la realidad social a través del método de las ciencias naturales. El mayor representante de la corriente de pensamiento que defiende la aplicación del método natural en el análisis del mundo social, fue Augusto Comte con su teoría positivista, entendiendo el positivismo como “ aquella postura que mantiene que las ciencias sociales son en esencia, iguales a las naturales, que tratan de llegar a la formulación de leyes causales generales; que basa la validez de sus relatos en el análisis de la realidad empírica y que establece una clara línea de demarcación entre las propiedades científicas y los juicios de valor” Wirgt (1979). En este orden de ideas, el positivismo como modelo de entender el conocimiento supone una forma de estudiar la realidad que considera sólo los datos observables, lo dado como objeto de conocimiento basado en el método científico, posición que ha dado paso a un profundo cuestionamiento, revisando la literatura especializada y sintetizando los planteamientos de diversos autores, desatacan las siguientes criticas:
Se cuestiona la neutralidad y la objetividad de las observaciones empíricas, las cuales dependen del lente del investigador.
El proceso de investigación: observación-medida-análisis, se transforma en un ejercicio de percepción planificada de antemano, y sus resultados se convierten en una réplica del modo construido de ver la realidad.
Los instrumentos de investigación cuantitativos permiten captar una parte de la realidad, pero no capta otras también reales.
La realidad social es dialéctica, cambiante, dinámica, por lo cual, el fin último de la investigación no puede ser establecer leyes universales de funcionamiento y comportamiento social.
El desconocimiento de la naturaleza humana y por ende la esencia de los fenómenos y procesos sociales como manifestaciones socio-simbólicas del ser.
Estas son algunas de las críticas que se le hacen al método cuantitativo de investigación social, y en esa medida argumentan la otra vertiente de la polémica: el método cualitativo. Este método tiene sus orígenes epistemológicos en la escuela alemana de mediados del siglo XIX, en los trabajos de teóricos como: Dilthey, Simmel y posteriormente Max Weber, entre otros. Estos autores difieren de la pretensión positivista de construir las ciencias sociales a imagen de las ciencias físico – naturales, en este sentido, plantean que existen profundas diferencias entre las ciencias de los hechos y las ciencias del espíritu, al rechazar el monismo metodológico y el establecimiento de leyes universales. Precisando la investigación cualitativa puede entenderse como el análisis e interpretación de los discursos para construir sus interpretaciones y en esa medida captar el origen, el proceso y la naturaleza de los significados, que brotan de la interacción socio-simbólica entre individuos y grupos.
En síntesis, la diferencia entre ambos paradigmas de investigación estriba en que el positivismo se basa en el análisis estadístico de los datos y en esa medida asumen que el conocimiento obtenido a través de medidas y de identificaciones objetivas puede presumir de poseer la verdad. Mientras el método cualitativo, representa una reacción contra la rigidez cuantitativa, en lugar de explicar las relaciones causales por medio de hechos objetivos y análisis estadísticos, utiliza un proceso interpretativo más personal en orden a comprender la realidad. En los últimos años se ha suscitado un debate importante en las ciencias sociales que pretende superar la vieja disputa cuantitativo – cualitativo, en términos de evitar las posiciones dogmáticas y sectarias que suponen una defensa a ultranza del uso exclusivo de un paradigma de investigación, de lo que se trata es de abrir el compás de la discusión plural, poner de manifiesto la diversidad metodológica exigida por las ciencias sociales que no quieren confinarse a una definición unidimensional de su objeto de estudio, de forma tal de avanzar en el conocimiento, abarcar una mayor diversidad y complejidad de los fenómenos. Es importante destacar que es la propia dinámica de la realidad, con sus múltiples facetas y caras la que reclama esta diversidad, dada las dimensiones complejas y articuladas de los fenómenos del mundo social de hoy, por lo tanto es necesario abordar con el mayor número de perspectivas posibles su análisis, considerando por supuesto en todo momento la naturaleza y especificidad del objeto de estudio y atendiendo a las dimensiones de la realidad donde se ubique el fenómeno, Ortí (2000). En este orden de ideas es importante considerar los planteamientos de Eduardo Bericat (1998), el investigador debe tener prudencia metodológica a la hora de integrar los métodos de investigación.
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